Por los pelos


Lástima que en este mundo nuestro los rubios no puedan vivir con los morenos. De todos es sabido que los rubios tienen una forma muy particular de lavarse el pelo, les gusta enjabonarse con una gran cantidad de champú para sacar abundancia de espuma, por no hablar de que les encanta hacerlo con agua tibia. Eso sí, los rubios, saben muy bien que en su mundo de amarillas melenas deben existir miles de marcas de champú para poder elegir entre ellas la más adecuada a las características de su cabello. Mientras, por su parte, los morenos son más comedidos en todos estos aspectos, se conforman con una o dos marcas y prefieren el agua fría para el aclarado. Además, los morenos gustan de lavarse la melena a determinadas horas de día, cosa que a los rubios les parece extraña y hasta inquietante. Supongo, que es por esto que rubios y morenos desconfían los unos de los otros y no suelen vivir en los mismo barrios. Lo que parece claro, es que los pelirrojos, mucho más liberados en sus usos, no prestan mucha atención a las disputas entre rubios y morenos, que ellos ya tienen suficiente con ser portadores de la mala suerte.

Según se dijo, todo empezó por no sé qué problemas con unos gorros de baño que,  decían algunos, aparecieron en el barrio de los morenos. El caso es que los rubios pensaron que sus hábitos de lavado estaban en peligro y los mensajes de alarma empezaron a cundir. El jefe de los rubios decidió declarar la guerra a los morenos ante la inminencia de la catástrofe. Aunque siendo fieles a la verdad, dicha guerra nunca se llegó a declarar, simplemente se produjo una intervención en el barrio de los morenos y muchos de ellos fueron afeitados, ni un pelo quedoles en la cabeza. Nadie sabía muy bien por qué, pero en esa agresión los rubios contaban con la ayuda de los pelirrojos. Los calvos, de todos conocidos por ser los mejores informadores al tener amantes en todos los sectores de la población, señalaron que los pelirrojos habían sido convencidos por los rubios de que las prácticas de los morenos acabarían con toda costumbre higiénica capilar hasta ese momento conocida. Los pelirrojos, ante el caos profetizado, prestaron ayuda ciega a los rubios, y lograron capturar a muchos morenos para encerrarlos en peluquerías fuertemente custodiadas, donde se dice que eran rapados sin el más mínimo pudor.

Ante el atropello del que ellos creían que eran objeto, los morenos empezaron a realizar ataques contra lo más preciado de los rubios, sus marcas preferidas de champú. La táctica era sencilla: debidamente teñidos se infiltraban en las tiendas de cosmética de los rubios, lo más sagrado del enemigo, e inyectaban en los botes de champú agua oxigenada y sustancias corrosivas que al contacto con el cabello hacía que éste se cayera inevitablemente. Estas actividades llevaron la guerra a niveles insospechados y provocaron la utilización, por parte de los rubios, de una palabra que hasta ese momento nunca se había usado, Terror. Esto produjo un gran nivel de agitación, ya no entre los rubios, sino también entre pelirrojos, calvos y morenos, ya que muchos de ellos, del mismo modo que criticaban los abusos de los rubios, no estaban de acuerdo con las actividades guerrilleras de los morenos.

Poco a poco, la cosa se fue enquistando y los discursos se endurecieron. Atendiendo a las informaciones, la humanidad parecía sumida en la guerra definitiva, en un conflicto de paz imposible. Sin embargo, había señales para la esperanza, los pelirrojos que, movidos por el miedo, habían apoyado la guerra poco a poco se fueron distanciando de sus compañeros rubicundos. La semilla de esta distancia estaba en algunas informaciones desveladas por los calvos, que señalaban que mientras muchos morenos perdían sus cabelleras se estaban sacando componentes básicos para la creación de champús de calidad de los territorios invadidos, materias primas de las que los morenos eran grandes productores. Incluso movimientos de rubios y morenos se habían unido para reclamar el fin de un conflicto que ya duraba demasiado y que no llevaba a ninguna parte. Pero, cosas de la guerra, los líderes rubios y morenos habían descubierto que se podía hacer mucho dinero con la contienda y no estaban dispuestos a terminar con ella.

Entonces algo sucedió, un acontecimiento sin precedentes, un ejemplo para las generaciones venideras, tanto los rubios y como los morenos que formaban los ejércitos y guerrillas de ambos bandos decidieron, sin previo aviso a sus mandos, colgar las armas y dejar de agredirse. Nadie sabe la razón concreta, ninguna explicación se dio al respecto, pero algunos calvos han señalado que se debió a que se dieron cuenta de que los que gobernaban, aquellos que estaban sacando tajada del asunto, tenían el pelo blanco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: