Umblicus Feminae


Será porque fue lo último que Dios puso en Eva, o porque es como un misterio insondable que me atrapa sin remisión. En cuanto al tema de la creación pienso como Saramago, con algún matiz. Mientras que él opina que Dios se olvidó de él y sólo después de unos días cayó en la cuenta y rectificó, yo considero, que Dios dejó el asunto para el final, como culmen de la obra. Creo que cuando terminó de hacer a Eva, con las manos manchadas de lo que manchen las costillas, porque con Adán sabemos que las tenía manchadas de barro, la miró y se dio cuenta de que en el abdomen, más o menos a la altura del nacimiento de las caderas, había que poner algo, como una guinda, porque la extensión de carne era demasiado amplia como para no tener remates. Por eso, Dios le puso a Eva un ombligo. Luego repitió la operación en Adán, que al ser primero en la creación carecía de él, aunque no quedole tan bien, y ése es uno de los argumentos más sólidos para pensar que Dios es un hombre, aunque esta cuestión no ha sido demostrada.

A lo que vamos, desde mi punto de vista el ombligo femenino es la mejor invención de la historia de la humanidad. O de la historia de la divinidad, como se quiera ver. Es un punto indeterminado a media altura entre el todo y la nada del que no puedo abstraerme, por mucho que lo intente. Muchas veces, sobre todo en verano, me he quedado embobado observando esa depresión de la piel. Y más de una vez me han puesto la cara roja, al darse cuenta la propietaria de tan hermosa cicatriz que miraba con fruición su abdomen. La pena es que en invierno es más complicado disfrutar de su contemplación, tal vez porque el umblicus feminae es fruta de temporada y florece exclusivamente en los meses estivales. Pero tal es mi adicción que como los yonkis me veo obligado revolver cielo y tierra para quitarme el mono. Tanto es así, que este año me apunté a una piscina cubierta con la llegada de las primeras lluvias. Cual fue mi sorpresa al ver que las mujeres no se ponen bikini para ir a nadar, usan unos bañadores horribles diseñados para un mejor desplazamiento acuático, como si tuvieran que batir algún record del mundo, con lo que sus ombliguitos no son visibles. Y como no sé nadar bien y yo no me había apuntado para mejorar mis habilidades natatorias, me borré de la piscina.

Una vez que mi plan maestro se ha demostrado fallido, sólo me quedó recurrir a los clásicos , así que a veces me sorprendo paseando por las tiendas, por si en un estirón para coger algo del estante de arriba un ombligo tiene a bien dejarse ver, pero es una actividad demasiado paciente para los resultados que se obtienen de ella. El ombligo tiene sus épocas y no se puede hacer nada.

Sin embargo hoy he descubierto algo maravilloso. Mientras daba satisfacción a otro de mis placeres, el de comer aceitunas. Me he dado cuenta de que las de Campo Real pueden mitigar, que no paliar, mi vicio más secreto: la observación minuciosa de ombligos femeninos. La única diferencia es que hay que echarle un poco de imaginación. Pero con tiempo y entrenamiento llegas a contemplar el ombligo de la vecina del sexto sin el menor esfuerzo. Aunque como mi mente es caprichosa, muchas veces  me completa la visión con la Jolie o con la Charlize Theron ¡Qué buenas están las aceitunas!

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One Comment to “Umblicus Feminae”

  1. Cada comentario da unas alas a un ángel.

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